Relato corto: El Contacto

Los focos en la habitación se encendieron y Jeremy Baley vio a un hombre que vestía un traje rosa brillante y tenía la cabeza completamente rapada flotaba a unos diez centímetros del suelo delante suya mientras saludaba al público que había empezado a aplaudir y que Jeremy no era capaz de ver debido a la intensa luz que le estaba dando en la cara. Debido a su pasado, Jeremy había estado innumerables veces en un plató de televisión, pero siempre notaba el mismo cosquilleo en las manos antes de empezar. Siempre esos nervios y esas ganas de contar la verdad, como si fuese la primera vez que se encontraba delante de una cámara.

La figura vestida de rosa seguía flotando delante suya hasta que los aplausos y gritos bajaron la intensidad y su silla se situó a la derecha de Jeremy.

—Buenas noches a todos —la voz del hombre de rosa era suave y clara, sin ningún tipo de balbuceo— aquí está vuestro presentador favorito Luquesto Marvellous.

Volvieron los aplausos mientras Luquesto seguía saludando al público que Jeremy no podía ver. Jeremy no era un gran seguidor del programa de Luquesto, y sólo había aceptado a esta entrevista porque sabía que era el show en directo más visto de todo el mundo, justo lo que necesitaba para lo que iba a anunciar esta noche.

—Hoy tenemos un programa muy especial —continuó Luquesto— en el que recordaremos y celebraremos el centenario de “El Contacto”, el momento más maravilloso de la especie humana. A mí izquierda, tengo al doctor Jeremy Baley, experto en comunicación y criptografía y el único superviviente del grupo de personas que participaron en “El Contacto”.

Luquesto se giró y Jeremy apreció el color rosa de las cejas, los globos oculares y los dientes del presentador. Era una moda que Jeremy había visto imponerse durante los últimos veinte años y que a él todavía le resultaba algo aterradora. Mientras duraban los aplausos, Jeremy intentó saludar al público invisible, pero le temblaba tanto la mano que apenas pudo mantenerla levantada una fracción de segundo.

—Doctor, muchas gracias por estar aquí con nosotros en esta ocasión tan especial —dijo mientras sujetaba la mano a Jeremy y los aplausos se reducían—. Aquí a mi derecha tengo al doctor Orson Promeneur, que es actualmente el máximo responsable del proyecto “Arca”. Muchas gracias a ambos por estar hoy aquí.

Jeremy se fijó por primera vez en la persona sentada en el otro extremo del plató. Había estado tan absorto en sus pensamientos que no se había fijado en el hombre de unos cincuenta años vestido con un traje de un vivo color azul con detalles dorados y que ahora saludaba y miraba a la cámara que le estaba enfocando mostrando una sonrisa perfecta. Jeremy había visto en muchas ocasiones al doctor Promeneur, y siempre parecía tener la misma vitalidad y energía de todos los que habían nacido después de “El Contacto”.

—Pero hoy —continuó Luquesto—, no estamos aquí sólo para hablar de las maravillas que han ocurrido en estos cien años. También estamos para recordar el pasado, y los que se ofrecieron y se sacrificaron para que podamos contar con el mundo que tenemos hoy en día. Rindamos un homenaje a los “Héroes Voluntarios”.

“Sí, los llamados héroes” pensó Jeremy. Él sabía que nunca se quitaría las cinco caras de sus pesadillas, le perseguirían toda la vida. Especialmente la de Brick.

Las luces se apagaron y una imagen se formó en frente de los tres hombres proyectando imágenes de diferentes ciudades de la Tierra antes de “El Contacto” en las que se sucedían guerras, protestas, manifestaciones, incendios… todo marcado con una música lúgubre y sombría.

—En el año 2017 —la voz de Luquesto empezó a sonar de fondo en el vídeo— toda la humanidad se enfrentaba a la destrucción absoluta. Guerras, dictaduras, hambre, pobreza, sobre-población. Pero llegó el maravilloso día de “El Contacto” justo cien años atrás. Cuando todos los observatorios astronómicos de la Tierra empezaron a captar una señal desconocida hasta entonces, una señal no humana y que estaba intentando comunicarse con nosotros. Aunque ellos nunca se identificaron, en ese momento se les dio el nombre de “Visitantes”, pero hay quien los considera dioses venidos desde lejos. Nos ofrecieron un trato justo, todo su conocimiento, su tecnología y su sabiduría para superar los momentos tan difíciles por los que pasaba nuestra especie a cambio de llevarse con ellos cinco personas de determinadas características. Hubo muchísimos voluntarios que querían participar y cinco fueron los elegidos. Cinco fueron los “Héroes Voluntarios”.

La sucesión de imágenes en el vídeo mostraba las pocas fotografías que había de los visitantes y de su tiempo en la Tierra. Jeremy sabía por experiencia propia que apenas habían estado cinco minutos en la superficie de las afueras de Nueva York donde se hizo el intercambio, pero los vídeos e imágenes que se habían tomado eran conocidos por todos los humanos que habían vivido desde entonces. Una extraña nave aterrizó, se abrió una rampa por la que subieron los cinco voluntarios y dos seres de metro ochenta bajaron por ella. Los seres eran de complexión similar a la humana dejaron un cubo metálico del tamaño de una mesa y desaparecieron. Aunque el traje y los sistemas de soporte vital que llevaban impedía ver nada más, sus siluetas habían sido estampadas e imprimidas en absolutamente cualquier producto que la Tierra había producido durante las décadas siguientes al encuentro. El cubo de metal contenía lo prometido, todo el conocimiento y tecnología que la raza alienígena poseía, pero nada sobre su historia, biología u orígenes.

La pantalla mostraba ahora las cinco caras de los voluntarios. Cada una se le clavaba a Jeremy en el pecho como un puñal.

—Los visitantes pidieron —continuó la voz de Luquesto— que les acompañara una mujer a la que le faltase el brazo izquierdo. Carolina Díaz, una mujer mexicana que había perdido el brazo en un accidente de tráfico fue la elegida entre los miles de candidatos, y estas fueron las palabras que nos dejó para el recuerdo.

Las imágenes de los cinco voluntarios se diluyeron y una mujer de piel oscura y pelo castaño cubrió toda la pantalla. Tenía los ojos llorosos pero mostraba una amplia sonrisa en la cara.

—Mi nombre es Carolina Díaz. Hace tres años perdí mi brazo izquierdo en un terrible accidente de tráfico que se llevó a mi marido. Y ahora veo ante mí la oportunidad de una vida nueva. De dejar atrás todo lo malo e irme con estos… visitantes. Estos seres que me ofrecen una oportunidad única. Sólo os pido, que uséis el conocimiento que vais a recibir para mejorar el mundo.

Volvieron los aplausos y la pantalla volvió a mostrar las caras de los cincos voluntarios. La voz pre-grabada de Luquesto Marvellous siguió describiendo a los otros cuatro voluntarios y la característica especial que los había hecho elegibles por parte de los Visitantes. Al vídeo de Carolina le siguió el de Klaus Kurman, un alemán de treinta y dos años con cáncer de pulmón terminal; Xu Hung, un hombre procedente de china de noventa y seis años que superaba los ochenta que pedían los visitantes; Clara Pond, una mujer de los suburbios de Londres embarazada de un mes y abandonada por su marido; y Brick.

El corazón de Jeremy se paró al ver el vídeo de Brick. Un niño de diez años abandonado por su madre al nacer y que se había criado en un orfanato de Chicago. Con las mejillas sonrosadas y sin poder mirar a la cámara de la vergüenza que le daba, Brick hablaba de cómo iba a pedir a los alienígenas que buscasen a su madre, y que cuando la encontrase se irían juntos a ver las estrellas.

El vídeo acabó y las luces volvieron a llenar el plató en el que se encontraban. La imagen de Brick todavía resonaba en la cabeza de Jeremy cuando el presentador se giró para hablar con él. Jeremy no podía evitar las lágrimas que salían de sus ojos.

—No se preocupe doctor Baley —le consolaba Luquesto mientras le ponía una mano en el hombro— es normal que se emocione al recordar la valía que mostraron estos seres humanos, especialmente el pequeño Brick, que todos esperamos haya encontrado a su madre y estén juntos ahora mismo buscando las estrellas.

Un aplauso llenó el plató.

—Tome un poco de agua y ahora volveré a hablar con usted. Doctor Promeneur, usted es ahora mismo el máximo responsable del programa Arca, encargado de analizar todo el conocimiento que nos dejaron los visitantes. Es la quinta persona que ha ocupado el puesto desde el día en el que recibimos el Arca. ¿Cómo describiría el estado actual de la civilización humana gracias a los avances obtenidos mediante el estudio de el Arca?

—Diría que la situación es casi utópica Luquesto —la voz salía ronca pero firme de la boca del doctor Promeneur—. En estos cien años hemos avanzado en todos los campos de la ciencia que en los últimos mil. Por ejemplo, se espera que los niños nacidos un par de décadas después de “El Contacto” lleguen a vivir doscientos años. Pero no sólo afecta a los que nacimos después. El doctor Baley es un vivo ejemplo de los beneficios que esto ha aportado a todo el mundo. Y estimamos que sólo hemos sido capaces de aplicar el uno por ciento de todo el conocimiento que nos dejaron.

—Fascinante doctor. Es realmente impresionante lo que están consiguiendo. La civilización humana vive el mayor momento de esplendor. Hemos conseguido eliminar las guerras, la pobreza, el hambre, las enfermedades. Y lo más importante, nos queda un maravilloso futuro por delante. Doctor Baley, usted es la única persona viva que participó en las comunicaciones con los Visitantes y además estuvo en el grupo que consiguió descifrar antes que nadie el primer mensaje que nos permitió comunicarnos con ellos y recibir la propuesta. ¿Podría decirnos lo que sintió en esos momentos?

Jeremy miró la cara ilusionada de Luquesto y sabía que estaba esperando la respuesta alegre, feliz y optimista que llevaba cien años dando siempre que le preguntaban. Toda la Tierra estaba esperando oírle decir lo ilusionado que había estado al descifrar ese mensaje y cómo cumplió uno de los sueños de la humanidad al conseguir contactar con una especie extraterrestre. Pero Jeremy no podía aguantar más. Habían pasado cien años de resentimiento, de reflexión, y ahora era el momento de confesarse.

—Fue… —a Jeremy le empezaron a temblar las manos. Intentó apoyarlas sobre las rodillas y centrarse en lo que iba a decir— fue el mayor error de la historia de la humanidad.

La respuesta congeló la cara de Luquesto en una expresión en la que competían la sorpresa, el horror y el deber profesional de mantener la compostura en directo.

—Al principio —continuó Jeremy— todo parecía un sueño. Yo acababa de doctorarme en Matemática Aplicada y estaba trabajando en uno de los primeros observatorios que identificó la señal. Los primeros mensajes eran instrucciones para entender cómo comunicarnos con… ellos. Parecían conocer muchísimo sobre nuestra historia y cultura y a las pocas horas ya podíamos mantener conversaciones con ellos fluidamente. Yo era prácticamente un chaval que se pasó veintiséis horas seguidas escribiendo, leyendo y sin descansar ni un segundo. La emoción podía conmigo, pero luego, llegó la oferta…

Jeremy bebió un poco del agua que tenía en el respaldo de su asiento e intentó calmarse. Las miradas de las otras dos personas estaban completamente centradas en él. Aunque no podía ver al público ni a la gente que estaba viendo en sus casas, se imaginaba que todos tendrían los ojos clavados en él.

—Cuando llegó la oferta todos en la sala nos sentimos asqueados. Lo primero que hizo la persona al cargo de las comunicaciones fue pedir una confirmación del mensaje. Nadie podía creer lo que pedían. Pasamos el mensaje al consejo excepcional de las Naciones Unidas como nos habían ordenado hacer con todos los mensajes que recibíamos. Nosotros estábamos ahí para comunicarnos, no para tomar la decisión, pero no creo que ninguno de los que recibimos el comunicado hubiese accedido a dar vidas humanas a cambio de nada. Cuando la respuesta de las Naciones Unidas llegó dos días después, no nos lo podíamos creer. Habían accedido por una gran mayoría a las condiciones de los extraterrestres, siempre y cuando las personas que se intercambiasen fuesen voluntarias.

—Bueno doctor Baley —interrumpió Luquesto—, no creo que “intercambio” sea el término más apropiado. Durante semanas se entrevistaron candidatos y todos accedieron voluntariamente a irse con los Visitantes. Los gobiernos dieron una compensación a las familias afectadas y siempre se les ha tratado como héroes mundiales. Gracias a ellos ahora tenemos un mundo mejor…

—¡Un mundo construido sobre el horror de haber vendido a seres humanos! —gritó Jeremy—. Decís que los vi… que ellos son dioses. ¿Qué clase de dios pediría un sacrificio así?

—Doctor Baley —intervino Orson Promeneur— creo que se está equivocando. Antes de “El Contacto” morían incontables seres humanos por culpa de las guerras, el hambre y las enfermedades. Gracias a los cinco “Héroes Voluntarios” todo eso forma parte del pasado. Piense simplemente en la cantidad de soldados que han muerto en las guerras un siglo antes de que recibiésemos el Arca. Ellos también fueron voluntarios y se sacrificaron para tener un mundo mejor.

—No todos los soldados del pasado fueron voluntarios doctor Promeneur. Tiene una visión del mundo antes del contacto que encaja más con la bazofia de películas que hacen ahora que con lo que era esa época realmente. Ustedes no lo vivieron, probablemente la mayoría de nuestra audiencia no lo vivió, pero todo el mundo que participó en las comunicaciones sabía que lo que hacíamos estaba mal. Empujamos al volcán a cinco inocentes sólo porque se pensaban que iban a vivir felices con los aliens, ¡incluidos un niño pequeño y un anciano!

Luquesto no paraba de girar y mover su silla para estar siempre mirando a la persona que hablaba en cada momento. Estaba empezando a marearse con tanto giro y mantener su cara de presentador televisivo agradable empezaba a resultarle una tarea tediosa.

—La cuestión aquí es que cinco héroes hicieron un viaje maravilloso en el que, y repito uno de los puntos del acuerdo de los Visitantes, no se dañaría a ninguno de los voluntarios y podrían regresar a la Tierra siempre que lo deseasen.

—¿Y cómo sabemos que eso es verdad? ¿Cómo sabemos que no fueron brutalmente torturados y examinados en cuando dejaron la Tierra? ¿Cómo sabemos que los extraterrestres no empezaron a cortar en láminas a los “voluntarios” en cuanto subieron a la nave?

—Doctor Baley —interrumpió Luquesto— le pido por favor que no describa imágenes tan desagradable a nuestros espectadores. Este programa lo ven los niños e intentamos mantenerlo en un tono familiar.

—¡Esas imágenes llevan en mis pesadillas cien años! ¡Me atormentan cada noche! ¡Las veo detrás mía cada vez que me miro en el espejo! Lo que hicimos fue un error. Probablemente el mayor error de la humanidad. Vendimos seres humanos por la comodidad de que nos diesen los problemas resueltos. Podíamos haber solucionado todos nuestros problemas trabajando juntos. Pero no, tuvimos que coger el atajo, ir a lo fácil.

—¡Eso no pienso tolerarlo doctor Baley —el doctor Promeneur se había puesto de pie y apuntaba con el dedo índice a Jeremy—! Mi equipo trabaja muy duro para mejorar las vidas de las personas. Pasamos incontables horas desarrollando nuevos inventos y formas de utilizar los conocimientos de los Visitantes a nuestra sociedad para mejorarla. No permitiré que menosprecie el trabajo de esos buenos hombres y mujeres.

—Esos hombres y mujeres tienen las manos manchadas por la sangre de cinco inocentes. Al igual que yo…

—Creo que el debate se nos ha ido de las manos —intervino Luquesto—. Estamos aquí para recordar el sacrificio de nuestros voluntarios, agradecerles todo el bienestar que tenemos y recordar lo heroico de su comportamiento que dio lugar a la civilización tranquila, segura y próspera que tenemos.

—¿Y qué precio tiene esa segura y tranquila vida? ¿Compensa haber sacrificado a un niño pequeño para que te puedas teñir los dientes de rosa? ¿Tan barato hemos vendido la ética?

—Pero doctor Baley —dijo Luquesto obviando las preguntas de Jeremy—, usted tiene que admitir que hemos mejorado. Como comentaba antes el doctor Promeneur, usted ha podido cumplir 126 conservando una salud de hierro gracias a que ha hecho uso de los avances médicos obtenidos gracias al Arca.

—Y quizás no tendría que haberlo hecho. Muchos de mis compañeros no lo hicieron, incluso algunos se suicidaron al poco tiempo porque no podían vivir con el resentimiento. Aunque eso es algo que el público general no conocerá o preferirá evitar. Yo aguanté, por desgracia decidí sufrir a diario recordando esos momentos y ver si este nuevo mundo valía la pena. Si realmente habíamos cambiado como especie, más allá de avances científicos. El Gobierno siempre ha querido dar la impresión de que todo iba mejor, de que los voluntarios nos salvaron. Pero la verdad es que todo es un montaje. Nunca fue tan bonito como lo cuentan los libros de historia y las películas y no estamos tan bien como nos pensamos. Estamos en decadencia, viviendo de los inventos de otros, pensando que por solucionar los problemas hemos hecho bien sin pensar qué hemos sacrificado para solucionarlos. No ha sido gracias al ingenio humano que hemos avanzado, ha sido gracias al egoísmo y a la falta de ética que…

Las luces se apagaron. Jeremy se volvió a encontrar a oscuras con sus pensamientos. Sabía que el Gobierno intervendría la transmisión y la verdad es que había llegado bastante lejos. Pero ahí estaban otra vez, las caras de los cinco. Mirándole. Juzgándole.

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